PAPITA SIN SAL
Ella, pues, una chica físicamente manoseable, 28 años, profesional, de esas que dice ser independiente por pagar cable e internet en la casa de los tatas. Una mujer pasiva (loca en potencia) que no gustaba mucho de expresarse y tomar riesgos, así que solo la pose del misionero y olvidate del mañanero con grito del cañero. Ella vivía en el confort que la rutina concede y la muerte vaginal precede, así que del ternerito ni hablar. No tardé mucho para notar que ella, de la seguridad que da la mayoría no saldría. No discutía o debatía. Entonces sentía que me arrepentía de meterle monedas a esa alcancía. Y es que faltaba algo, faltaba la emoción del vegano al ver un buen plato de lechuga, la ilusión del primer privado o la pasión por los leggings que te hacen entender el 3D. En aquellos días, estábamos en fase de reconocimiento, ese proceso de exploración antes de decir chao a las chechés de otras chichís, pero entonces me di cuenta del por qué esta mae me hacía sentir lo mismo que una misa de seis. Ella era una papita sin sal. Aburrimiento total. Y es que la papita por más bien hechita, sea grande, pequeña, vieja, tiesa o aguada, sin sal no es nada. La sal viene a ser eso que nos hace olvidar el usar condones, lo que nos lleva a revisar su perfil de facebook, el condimento que hace interesante escuchar lo que piensa aunque solo pensemos: “agárreme esta”.
Ella, pues, una chica físicamente manoseable, 28 años, profesional, de esas que dice ser independiente por pagar cable e internet en la casa de los tatas. Una mujer pasiva (loca en potencia) que no gustaba mucho de expresarse y tomar riesgos, así que solo la pose del misionero y olvidate del mañanero con grito del cañero. Ella vivía en el confort que la rutina concede y la muerte vaginal precede, así que del ternerito ni hablar. No tardé mucho para notar que ella, de la seguridad que da la mayoría no saldría. No discutía o debatía. Entonces sentía que me arrepentía de meterle monedas a esa alcancía. Y es que faltaba algo, faltaba la emoción del vegano al ver un buen plato de lechuga, la ilusión del primer privado o la pasión por los leggings que te hacen entender el 3D. En aquellos días, estábamos en fase de reconocimiento, ese proceso de exploración antes de decir chao a las chechés de otras chichís, pero entonces me di cuenta del por qué esta mae me hacía sentir lo mismo que una misa de seis. Ella era una papita sin sal. Aburrimiento total. Y es que la papita por más bien hechita, sea grande, pequeña, vieja, tiesa o aguada, sin sal no es nada. La sal viene a ser eso que nos hace olvidar el usar condones, lo que nos lleva a revisar su perfil de facebook, el condimento que hace interesante escuchar lo que piensa aunque solo pensemos: “agárreme esta”.
Ahora, ya
puedo escuchar culiolos diciéndome: no son el uno para el otro, no hay química,
sos un inmaduro, bla bla… Pero no, y les digo por qué. Un confite de madera
tenía más sabor. Y es que hablando de saborsh, son las diferencias, los
defectos, los mates, las miradas moja calzones lo que nos pone vacilones. Las
cosas que resaltan en los demás y no me refiero a esa cosa, cosota o cosotas,
bueno también, pero hablo de esa cantidad correcta de sal que en la papita hay
que buscar. No hay como encontrar una personalidad triple D o C o B…
Bueno que tenga algo que nos haga sentir más que solo sueño. Al
final, intenté ponerle mi pizca de sal a la papita, una mezcla perfecta de
locura y cordura, pero ya se había enfriado, así que chao. Si piensan en
comerse una papita, ya cada quien sabrá con cuanta sal la necesita. Solo
recuerden que mucha sal causa hipertensión arterial.
Postdata: También va para los que les cuadra las salchipapas



🤣🤣 De vez en cuando no cae nada mal un fiesta fries sin sal NADA jaja, buena Dieguito!!
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